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La peregrinación: Ejercicio espiritual en el Camino

    El Camino de Santiago atrae a muchas personas. Para unos, es una forma de pasar unas vacaciones; además se puede conocer mucha y muy variada gente. Es indudable que recorre lugares profundamente marcados por la Historia; se pueden conocer las costumbres, la cultura y las gentes de diversas regiones. Por supuesto, es innegable el disfrute estético que suscita el amplio muestrario artístico desplegado a lo largo del Camino. Para otros, el retorno a la naturaleza es un desahogo para la asfixia que llega a producir la vida urbana.

    
Sin rechazar, sino más asumiendo todas estas interpretaciones, pero añadiendo el factor creyente, el Camino de Santiago fue y puede seguir siendo para los cristianos, esencialmente, una peregrinación que conduce hacia la tumba apostólica. Es decir, es una forma de ejercitarse espiritualmente para acceder a Dios por medio de Jesucristo, del que fue amigo y discípulo el Apóstol Santiago.

    Peregrinar en el Camino de Santiago consiste en mover, no sólo los pies hacia Compostela sino, sobre todo, el corazón hacia lo alto. En el fondo, implica romper con todo lo demás, para consagrarse durante un tiempo a encontrar una mayor intimidad con Dios. Fue la peregrinación cristiana a Santiago, en toda la riqueza de sus matices, lo que hizo del Camino algo admirable y digno de experimentarse personalmente todavía hoy.

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