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La Oración en el Camino

    
La oración litúrgica es el corazón de la Iglesia. Su ritmo marca también la vida del Monasterio, de la que pueden participar los peregrinos.

    
Por la tarde, a las siete, después de un merecido descanso, se celebra en la iglesia románica de Nuestra Señora el Oficio de Vísperas. Es la oración del atardecer, compuesta de himnos, salmos y cánticos, con la cual damos gracias al Señor por cuantos dones nos concede en cada jornada, precisamente a la misma hora en la que nuestro Señor murió sobre la Cruz. Las Vísperas se cantan en latín, de acuerdo a la tradición gregoriana. Para que los peregrinos puedan participar activamente, disponen de folletos que contienen el texto en latín y una traducción al español.

    
Después de las Vísperas, se puede celebrar el Sacramento de la Reconciliación. La confesión de los pecados y la absolución de la Iglesia evoca la parábola del hijo pródigo: se apartó del hogar paterno por el pecado, y retornó mediante la penitencia al Padre, que lo abrazó en su misericordia. Así suele ser nuestra vida: un alejarnos por el pecado, y una peregrinación de retorno por la conversión. Terminadas las Vísperas, queda siempre en la iglesia un sacerdote dispuesto a ayudar a quienes deseen confesarse y experimentar la alegría del amor de Dios Padre en forma de paz, perdón y reconciliación.

    
A punto de terminar la jornada, la Iglesia vuelve a ponerse en oración para encomendarse al Señor antes del descanso nocturno. Es el Oficio de Completas. También se canta, según la tradición benedictina. Se inicia a las 21:30, y dura unos 20 minutos. A su término, se imparte la Bendición de Peregrinos, según la fórmula medieval propia del Camino de Santiago; y se canta la Salve.

    
El nuevo día amanece con el Oficio de Laudes, la oración de la mañana. Antes de afrontar el ascenso del Puerto hacia la Cruz de Hierro, pueden los peregrinos participar en este hermoso Oficio.

    A las 9:00, se celebra la Eucaristía conventual. El Señor se hace Pan para nuestro camino; nos da su propio Cuerpo y Sangre, gracias a los cuales podemos llegar al Reino de los Cielos. Su Palabra ilumina nuestros pasos. En fin, se trata de un momento privilegiado cada jornada.

La oración camina con dos pies: la celebración litúrgica y la plegaria personal. Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará. (Mt. 6, 6). A este efecto, hemos procurado mantener abiertas las puertas de los templos de Rabanal, no tanto para que sean visitados por los turistas, cuanto para facilitar momentos de íntima soledad y silencio. Para ayudar a la oración y plegaria personal, se pueden comprar en la Librería del Monasterio diversos textos de carácter espiritual, como las Sagradas Escrituras o diversos libros de espiritualidad monástica y jacobea.

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