Antífona 1.- Aquel día, los montes destilarán dulzura y las colinas manarán leche y miel, aleluya.

El texto está tomado de Joel 3, 18: Sucederá aquel día que los montes destilarán vino y las colinas fluirán leche; por todas las torrenteras de Judá fluirán las aguas; y una fuente manará de la Casa de Yahveh que regará el valle de las Acacias. 


La profecía de Joel es difícil de datar. Unos se inclinan por el momento inmediatamente anterior al Exilio, en tiempos de Sofonías y Jeremías; otros, al final del Exilio, en tiempos de Ageo, Zacarías y el la tercera parte del libro del profeta Isaías. Tampoco se descarta la predicación preexílica, reelaborada después del Exilio, enriquecido con nuevos añadidos. Además, precisamente el capítulo cuarto es tardío y de caracteres apocalípticos. El mensaje de Joel se articulo en torno a dos grandes temas: la exhortación a la penitencia, y el anuncio escatológico del día del Señor, en su doble dimensión de juicio para las naciones y salvación (efusión universal del espíritu, bienestar y paz). Especial influencia en el Nuevo Testamento, y profecía cumplida en el derramamiento del Espíritu en Pentecostés. 

El futuro de prosperidad descrito para Israel recoge muchas de las características de profetas anteriores, que se refieren a la fecundidad y a la prosperidad de la tierra. Se inicia una era definitiva y perpetua cuya garantía es la presencia del Señor en Sión. Es la era paradisíaca de la restauración de Israel.



Antífona 2.- Hija de Sión, alégrate; salta de gozo, hija de Jerusalén, aleluya.

El texto está domado del libro del profeta  Zacarías 9:9:  ¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna. 

Pertenece a la segunda parte de la profecía de Zacarías, obra que plantea muchas dudas acerca de su origen. La opinión más acertada coloca estos oráculos a finales del siglo IV o a principios del siglo III AC, por referencia al apogeo y caída de la potencia greco-macedónica. El segundo Zacarías admite, a su vez, una clara división en dos partes: la primera (9, 1 - 11, 17) anuncia la intervención definitiva de Dios; la segunda (12, 1 - 14, 21), la salvación y gloria futura de Jerusalén. Ambas partes, sin embargo, están dominadas por la descripción del acontecimiento mesiánico, presentando al rey como pastor o como siervo del Señor en la figura del traspasado. Su fuerte acento mesiánico explica su notable utilización en el Nuevo Testamento. 

Zac 9, 9 describe la restauración del reinado de Dios con la vuelta del rey victorioso. El modo de entrada (cabalgando en un burro) apunta ya a una realidad nueva no conseguida por la fuerza de las armas, ni por las alianzas humanas. Será el mismo Señor el que quiebre la fuerza de los pueblos enemigos y haga que Israel, reunido de nuevo, triunfe.