DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

En el último domingo de Cuaresma es el de Ramos. Es paradójico el hecho de que, en la liturgia de este día, se unen el recuerdo de la entrada triunfal del Señor en Jerusalén, con el relato de su Pasión y de su Muerte en la Cruz. 

Este domingo es la apertura solemne de la gran semana que tiene por centro el misterio pascual de Jesucristo. La misa de este día existía ya a finales del siglo IV. Su finalidad es preparar la Pascua de una manera inmediata, con la escenificación de los últimos días de la vida de Jesús, desde su entrada en triunfo a Jerusalén, hasta su muerte en la cruz. 

La procesión adquiere, en nuestra liturgia, un tono solemne y festivo. De alguna forma, los cristianos participan en el triunfo de Cristo, que no consistió en su exaltación a la jefatura de Israel, sino en la ignominia de su pasión. Pero de la procesión, que según la tradición se realiza con palmas en las manos, se pasa inmediatamente a la liturgia de la palabra, que nos traslada a la Pasión, primero con las profecías, después con la reflexión de san Pablo, y por último con el relato de uno de los evangelios de Mateo, Marcos o Lucas, según los años.