El Ayuno

El ayuno consiste en la privación voluntaria del alimento. Persigue ayudar a la persona a dominar sus instintos más básicos, participando a través de esa aflicción voluntaria de los sufrimientos del Señor. Tradicionalmente conocemos dos formas: el ayuno propiamente dicho, y la abstinencia. El ayuno propiamente dicho se realiza el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Son días, pues, especialmente consagrados a la penitencia. Por su parte, la abstinencia, consiste en la privación en el consumo de carne; se extiende a lo largo de toda la Cuaresma, con excepción de los domingos.

En la actualidad se han añadido nuevos significados a esta práctica tradicional. Así, se nos suele invitar a ayunar de televisión, de espectáculos o entretenimientos. Son privaciones voluntarias tendentes a mostrar nuestro afán de dominarnos a nosotros mismos, expresando con la molestia que nos produce el privarnos de estas cosas el dolor que nos producen nuestros pecados, o los sufrimientos que a causa de ellos padeció nuestro Señor.

Tal vez, de todas las prácticas cuaresmales, sea la que más ha caído en desuso. No es un problema reciente. De hecho, en la tradición católica, se han buscado muchas formas de burlar la aflicción producida por el ayuno. Así, la gastronomía del tiempo de Cuaresma nada tiene que envidiar a la mejor comida del resto del año.

En cualquier caso, los Padres recordaban que el mejor ayuno consiste en abstenerse de los propios vicios, y guardar una especial pureza de vida (o, al menos, intentarlo), durante los cuarenta días de la Cuaresma.