La Congregación Benedictina de Santa Otilia

    
En Beuron, una de las abadías protagonistas de la restauración benedictina, en la Alemania del siglo XIX, vivía un joven monje, Andreas Amrheim (1844-1927). Después de estudiar el papel del monacato benedictino en la evangelización de Europa durante la Edad Media, concibió el proyecto de renovar dicha dimensión misionera para la evangelización de África. A pesar de múltiples oposiciones y dificultades, el P. Amrheim recibió permiso de su abad en 1883, y comenzó su proyecto monástico. Se estableció, primero, en un antiguo monasterio benedictino llamado Reinchenbach, en las proximidades de Ratisbona.

    Mucho trayecto, sin embargo, quedaba por recorrer, y todavía serían múltiples las negociaciones que tanto con las autoridades del gobierno de Baviera, de modo particular, así como la aprobación definitiva de la Santa Sede, deberían gestionarse. Finalmente el 29 de junio de 1884, el Papa León XIII aprueba formalmente el establecimiento de un Instituto misionero en Reinchenbach. Las autoridades del reino de Baviera aprobaron oficialmente la fundación el 11 de abril de 1885.

    En cuanto al tipo de vida desarrollada en los comienzos, Amrheim impulsó una vida modélica, fundamentada en la disciplina monástica y la oración, en la mortificación personal y la dureza del trabajo físico, como fundamento de la preparación misionera de los candidatos.

    
En el otoño de 1886 Amrheim, trasladó su casa misionera a la antigua propiedad de Emming, entre Munich y Augsburgo, la hasta hoy conocida como Santa Otilia.

    El 20 de octubre de 1886 Amrheim recibió una carta de las autoridades alemanas manifestando su deseo de apoyar todo tipo de actividades misioneras en las colonias alemanas, con la intención no tanto de favorecer la evangelización, cuanto de considerar el movimiento misionero como irradiador de la cultura y civilización germanas.

    
El primer grupo de misioneros dejó Santa Otilia el 11 de noviembre de 1887. Estaba formado por nueve hermanos, cuatro religiosas y un sacerdote, Boniface Fleschutz, nombrado Prefecto Apostólico. Su destino: la Prefectura Apostólica de Zanzíbar, una extensión de 300.000 kilómetros cuadrados. En un primer momento viajaron a Roma donde, en presencia de Amrheim, pronunciaron sus votos. Allí recibieron un hábito gris, escapulario negro y el crucifijo misionero.

    A finales de enero de 1888 el primer grupo de misioneros llega a su destino, e inmediatamente comienzan a edificar un monasterio en las cercanías de Dar-es-Salaam (Tanzania), por nombre Pugu. La vida en esta primera fundación era de carácter estrictamente monástico en cuanto a las costumbres y tradiciones. Comenzaron a enseñar, instruir en el catecismo, atender a los niños esclavos, trabajar la tierra. Y así la primera comunidad comenzó a ganarse la confianza de las gentes.

    En 1889, una revuelta contra las colonias alemanas se saldó con dos monjes y una hermana hechos prisioneros, así como la destrucción total del monasterio. Fue el fin del primer proyecto misionero. El grupo regresó a Alemania para estudiar la situación, pero en todo momento se tenía claro el espíritu misionero que debía alentar los futuros proyectos a asumir. En 1889, otro grupo encabezado por Boniface Fleschutz se estableció en Dar-es-Salaam, pero las condiciones climáticas así como las enfermedades tropicales hicieron estragos entre los miembros de la expedición misionera.

    Con el paso del tiempo, se enviaron nuevas expediciones de monjes: entre 1887 y 1895 no menos de setenta misioneros fueron enviados al este de África. A comienzos de siglo, gracias a un considerable aumento de las vocaciones, se pudo intensificar el trabajo misionero. Monasterios como Peramiho (1927-1931), Ndanda (1931) o Hanga (1971) son claros testimonios de los esfuerzos de la Congregación de S
anta Otilia por implantar la vida benedictina misionera en África.

    La vida de la Congregación ha ido consolidándose y las fundaciones de nuevas comunidades monásticas se han multiplican por los distintos continentes, dando hoy una fisonomía mundial.

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