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La Fachada

    
Las señas de identidad del Monasterio de Monte Irago se encuentran en su propia fachada. En la clave del arco de piedra por el que se entra al Monasterio, se encuentra esculpida la Cruz, de la que penden las letras griegas A y Ω. Yo soy el Alfa y la Omega –dice el Señor Dios-, el que es, el que era y el que está a punto de llegar, el todopoderoso. (Ap. 1, 8) Le escultura reproduce una cruz mozárabe procedente de la Ermita de San Fructuoso, en el antiguo Monasterio de San Pedro de los Montes.

    Sobre la Cruz, g
rabada en la piedra, se lee una inscripción latina tomada del Antifonario Gregoriano, que significa: Sois santos, dice el Se
ñor, y multiplicaré vuestro número para que oréis por mi pueblo en este lugar. ¡Todo un programa de vida!

    Nuestra forma de vida viene determinada por la Regla que escribió san Benito, cuya tall
a corona la fachada. Para él, la vida del monje es algo dinámico: Levantémonos, pues, de una vez, que la Escritura nos espabila diciendo: “Ya es hora de despertaros del sueño”. Y, abriendo nuestros ojos a la luz de Dios, escuchemos atónitos lo que cada día nos advierte la luz divina que clama: “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. Y, también: “Quien tenga oídos, oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias”. Y, ¿qué es lo que dice? “Venid, hijos, escuchadme; os instruiré en el temor del Señor”. “Daos prisa mientras tenéis aún la luz de la vida, antes que os sorprendan las tinieblas de la muerte”. (Regla de San Benito, Prólogo)
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